Ba-lon-ma-no

Sin apenas tiempo para sacudirnos el “dulce no hacer nada” veraniego de nuestras cabezas, el Balonmano español ya ha dado su pistoletazo de salida a la presente temporada 16-17 el pasado fin de semana. Una temporada en la que los aficionados volverán a los pabellones para disfrutar de un deporte que nunca deja indiferente a nadie por su espectacularidad pero al que le cuesta mucho acostumbrar al gran público a acudir a presenciarlo en directo a las diferentes instalaciones que jalonan el país.

Y no será por resultados deportivos. Si siempre se ha hablado de que los triunfos individuales o colectivos de deportistas o equipos eran los que atraían el interés de los aficionados al deporte, el Balonmano tendría que ver abarrotadas las gradas de los cada vez más confortables pabellones españoles una semana tras otra. Un deporte que ha conseguido tantísimos éxitos a nivel internacional para España no es seguido “in situ” por la gran masa de espectadores que en correspondencia a esos éxitos habría de tener y eso es algo difícil de entender.

Conseguir dos Campeonatos del Mundo no está al alcance de cualquier país y esas dos estrellitas aparecen en las camisetas rojas de la Selección española tras la consecución de los mundiales de Túnez y España para demostrar la potencia de un deporte que, además, siempre emociona al espectador. Si a eso se unen otros títulos internacionales de clubes o de las diversas categorías inferiores de la Selección española, tanto en hombres como en mujeres, justo sería decir que estamos ante uno de los deportes que más gloria ha dado a España desde que se practica seriamente en este país, en la modalidad de “A siete”, a comienzos de la segunda mitad del pasado siglo. Estamos pues ante un deporte moderno, aunque desde los alegres veinte ya se jugara entre equipos de once jugadores y al aire libre, y que recibió su espaldarazo definitivo cuando debutó como modalidad olímpica en los Juegos de Munich de 1.972.

Y Córdoba también contempla el desarrollo del Balonmano paralelamente al resto del España. En los años cincuenta los cordobeses veían jugar equipos formados por once jugadores en la plaza de toros de Los Tejares o en el mismísimo Estadio El Arcángel, aquí, a veces, antes de que jugara el Córdoba CF., y en los sesenta ya se celebraban campeonatos provinciales. Un tramo del Paseo de la Victoria se convertía en terreno de juego para las eliminatorias de Copa y para torneos amistosos de aquellas recordadas Semanas Deportivas con partidos seguidos por cientos de espectadores, aparecía la pista de la Puerta del Rincón, se jugaba en la plaza de toros los domingos por la mañana y  la ciudad ostentaba el muy importante honor de contar con el primer equipo Campeón de España juvenil que fue el del colegio de Cultura Española, hoy La Salle.

A partir de ahí, la historia del Balonmano está íntimamente ligada a la de la ciudad y provincia. Multitud de equipos iban apareciendo poco a poco desde diversos colectivos, el Córdoba Club de Fútbol, el Atlético Cordobés, el Guardia de Franco, el Regimiento de Infantería Lepanto, el de Artillería, Sindicatos, la OJE, la Sección Femenina, las Congregaciones Marianas de San Hipólito, los Colegios, OSCUS, los clubes recreativos y hasta los grupos de amigos que poco a poco iban consiguiendo un espacio dentro del mundillo deportivo de la ciudad. Y paralelamente a la capital comenzaron a aparecer núcleos de practicantes del Balonmano en localidades como Puente Genil, Cabra, Lucena, Peñarroya, Pozoblanco o Rute, donde la llegada de profesorado de Educación Física, primero de la Escuela de Mandos “José Antonio” y luego de INEF, hicieron que en muchos lugares se empezara la práctica de muchos deportes desconocidos para la juventud a la que nadie había enseñado a jugar ni se podía contemplar a través de la televisión porque este “invento” sólo era disfrutado por unos pocos afortunados para ver las hazañas del Madrid en las copas de Europa, las faenas de Manuel Benítez, las demostraciones sindicales del 1º de mayo en el Bernabéu o los partidos de Baloncesto del frontón Vista Alegre y poco más, todo en blanco y negro y con una calidad pésima.

Desde entonces este deporte no ha dejado de crecer, arañando poco a poco practicantes al todopoderoso fútbol y compitiendo con el Baloncesto del que se aprovechaba al convertirse en refugio de aquellos chavales que no eran tan altos como para destacar en el deporte de la canasta. Desde entonces, al igual que ocurre a nivel nacional, el Balonmano es uno de los que más triunfos y gloria ha dado a Córdoba capital y provincia, logrando metas impensables para otros deportes de equipo, y lo más importante, consiguiendo que en miles de familias cordobesas haya uno o varios miembros que a lo largo de los últimos cincuenta años haya practicado este deporte. Un Balonmano que a la chita callando no para de trabajar, de mostrar todos los años, hasta con descarada chuleria, sus logros y triunfos, lanzando a los cuatro vientos su grito callado pero desgarrado de ayuda a todos los sectores del tejido empresarial cordobés, a las instituciones y a los cordobeses en general. ¡Qué agradecido y “buen vasallo” sería el Balonmano si tuviera “buen señor”… Y qué barato le saldría!

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