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El barrio ‘fascista’ con calles que no se van a cambiar

El dictamen de la Comisión de Memoria Histórica no incluye las menciones en el callejero a los regímenes de Adolf Hitler y Benito Mussolini

Publicado por Jesús Cabrera el 13/2/2018 a las 5:57

El dictamen de la Comisión de Memoria Histórica llegar hoy al Pleno donde, a diferencia de lo que ocurrió en el órgano que lo elaboró, se votará en bloque y no por partes, donde quedaría patente la unanimidad política existente en la mayoría de sus puntos, como es el caso de la exhumación de las víctimas. Este documento pretende dar cumplimiento al artículo 32 de la Ley andaluza de Memoria Democrática que pide la retirada en 18 meses, por lo que no habrá un segundo plazo, de todo aquel elemento que suponga “conmemoración, exaltación o enaltecimiento individual o colectivo del golpe militar de 1936 y del franquismo, de sus dirigentes o de las organizaciones que sustentaron al régimen dictatorial”. Pues el dictamen se ha dejado atrás un conjunto de calles, un barrio, en el que algunas de las cuales no son de exaltación franquista sino fascista.

Calle Ebro. barrio
Calle Ebro. /Foto: LVC

En la acera occidental de la avenida del Brillante, un poco más arriba del hospital de San Juan de Dios, hay una serie de calles en la que si sus nombres se leen de forma individual son de lo más inocente. Pero si se unen los nombres de Alemania, Roma, Ebro y Toledo no solo vuelve la vista atrás a tiempo de la guerra civil sino que alcanza al régimen de Adolf Hitler o el de Benito Mussolini. No es casualidad que el Ayuntamiento de Córdoba, en los años inmediatos a la contienda fratricida y antes de que en 1942 abandonara Franco sus devaneos germanófilos, el Ayuntamiento de Córdoba decidiera homenajear a los dos regímenes fascistas europeos en un barrio de nueva creación al que incorporaron dos nombres para recordar dos hitos de la mitología franquista, como son el de la batalla del Ebro y la pugna del Alcázar de Toledo.

Las calles de Alemania, Roma, Toledo y Ebro, unidas y entrelazadas en su barrio en la trama urbana de Córdoba desde hace ocho décadas, han pasado de forma silenciosa corporación tras corporación democrática. Ni la criba realizada por Julio Anguita ni los posteriores alcaldes que fueron eliminando todo vestigio franquista cayeron en la cuenta de lo que significaba esta conjunción de nombres.

La escueta y fría denominación de Alemania, Roma, Toledo y Ebro, a secas, no sugieren nada de lo que simbolizan, como ocurre con la calle Cruz Conde o la plaza de Cañero, a los que de forma abrumadamente mayoritaria las nombran los cordobeses sin el nombre propio de los personajes, por lo que son apellidos que quedan descontextualizados hasta el punto de que la plaza de Cañero fue rotulada a bombo y platillo por una corporación de IU sin que, que se sepa, pretendieran hacer una exaltación del golpe de 1936 y sus trágicas consecuencias.


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